UN APUNTE ARGENTINO SOBRE EL VERBO HINCHAR

by - julio 02, 2018



Escrito por Juan Fiorenza (Argentina)

           Buen momento para hablar del mundial de fútbol.
Uno alienta siempre a la Selección de su país, excepto que no haya clasificado o que la hayan eliminado. O que no te represente en lo más mínimo, por múltiples razones. Pero en general, el primer amor, es la Selección del barrio que te vio llegar a este lío. Pero, ¿qué pasa cuando tu Selección no juega? Entonces uno hincha por otra, o por varias, según la instancia y la ciclotomía. Es como divorciarse. Tal vez enviudar: uno tiene su amor en el cielo, pero como es imposible abrazar a alguien que está bajo tierra, entonces elijamos otro amor para revolcarnos un rato. Y así surgen relaciones efímeras con otras camisetas, que decantan quién sabe cómo.
Supongamos (y aprovechemos que aún no debemos pagar impuestos por suposiciones), que:

a)    Si juega un equipo de Latinoamérica, hincharemos por él.
b)    Si juega un equipo débil contra uno poderoso, hincharemos por el primero.
c)    Si juega un equipo que tiene una linda camiseta o fanáticas con tetas al aire, hincharemos por él, porque al fin y al cabo somos seres estéticos y un tanto primitivos.
d)    A veces las variables anteriores se cruzan, entonces no hay forma de prever nuestro enamoramiento.

Por tanto, podemos hinchar por cualquier Selección de un momento a otro. Sin más lógica que la de gritar como loco frente al televisor, para que la suerte nos favorezca esos no más de 120 minutos. Porque el amor después de la muerte es así, cambiante, imprevisible, caprichoso. Mitad rencoroso de la potencial alegría ajena, mitad nostálgico por el éxito eterno que o vendrá al país. Fundamentalmente, hincha de lo que ya no puede ser.

 
Juan Fiorenza. Autor de la novela "Verde Alicia"



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