AMAR
Amar es algo que solo sabemos hacer los tontos.
¿Cómo es eso? Explíquese.
Mire, ser tonto es un don, una facultad. No hablo de parecer tonto, lo que quiero decir es que para saber amar hay que ser tonto. No es que un día uno amanece tonto, o aprendemos a serlo. No: es que uno nace así, valiente, ridículo, inoportuno, torpe, lleno de miel. Nadie lo agradece pero, cuando un tonto nace, un meteorito deja para otro día el exterminio de la Tierra.
Me pone a pensar eso que dice…
¿Se ha fijado que cuando un tonto sale a la calle, camina rodeado de abejitas?
No, ¿por qué pasaría eso?
Los tontos amamos más, y amamos mejor.
Eso suena un poco presuntuoso, ¿no le parece?
Déjeme y le explico. ¿Conoce usted ese refrán que dice el que se enamora pierde?
Sí, claro.
Eso significa en pocas palabras que el amor quedó a los perdedores. Lo cual me lleva a la siguiente conclusión: Los inteligentes no quieren ser los que más aman, porque no quieren perder, nadie quiere perder, todos quieren ganar. El amor se les deja a las tontos como yo, como usted.
Oiga… no me ofenda.
Es un halago. Y ya que los tontos no tenemos nada que perder (porque somos tontos), también somos más libres. No tememos al ridículo, al fracaso amoroso, al infortunio. Parece que mientras más amamos, más ganamos.
Entiendo la primera parte pero no veo cómo gana más quien más ama.
Hagamos un balance de los tontos más icónicos, Forrest Gump. Forrest amó a Jenny incondicionalmente, hasta el final de sus días. Llevado por esa pasión jugó fútbol americano, conoció a John F. Kennedy, salió vivo de la guerra de Vietnam, compró un barco pesquero.
Lo de la guerra de Vietnam y el barco pesquero no tienen que ver con Jenny; su argumento está un poco fuera de lugar.
Nada tiene que ver con Jenny. Es el carácter de Forrest Gump, él es así, apasionado, invencible.
Forrest Gump tiene un retraso, obviamente.
No tiene malicia, es lo que usted seguramente quiere decir.
En fin, está usando un mal ejemplo, el personaje ficticio de una novela de Wistom Groom que se llevó a cine en los 90.
Bueno, entonces hablemos de Gandhi. Gandhi fue uno de los tontos más enfáticos del siglo XX y logró independizar a la India entre 1942 y 1947. Cristo: Cristo fue el tonto más tonto del mundo y terminó siendo el hijo de Dios. Claro que no todos seremos tontos tan célebres, ni plantearemos tonterías tan espectaculares. En un nivel más básico, quedamos los tontos como usted, como yo, que amamos a todas las edades y a todas las cosas. ¿Cómo podríamos perder? Puede que nos dejen, que nos rompan el corazón, pero para un tonto bien tonto, el amor no acaba con alguien: continúa con otra persona, con otro ideal, con otra absurdada. Los tontos somos tan tontos, que después de que nos rompen el corazón amamos más, y amamos mejor. Porque los tontos no tienen miedo a salir heridos.
¿Y cómo saber si uno que es un tonto?
Fácil, los tontos ven bonito un paisaje feo. Roban flores, frutas, libros. Tienen muchos perritos o muchos gatos. Tienen los nombres de sus exparejas o de sus hijos tatuados en el cuerpo. Regalan la cadena de la bisabuela. Construyen palacios para sus familias, ranchos, o iglús. Ven bonito un país feo. Componen canciones. Dedican poemas, nubes, caballos. Comparten la mitad del pan, la mitad de la cama, de la almohada. Dan todo lo que tienen, el cuerpo, el apellido, las contraseñas. Ven bonito un corazón negro. Prestan sus camisas, sus sombreros, el cepillo de dientes. Caminan bajo la lluvia como los más felices. Prometen cosas de dioses y las cumplen. Conversan amablemente con una persona fea. Cambian de religión si fuere necesario. Se circuncidan si fuere necesario. Se mudan, si fuere necesario.
¡Oh, Dios mío, qué peligro! Nadie llegaría a los 40 con esas características. Yo he hecho muchas de esas cosas, pero eso todavía no me hace un tonto. No quiero imaginar lo que pasa en el mundo cuando dos tontos se enamoran o están en la tontería.
Eso es ser muy afortunado.
No lo dirá en serio.
Lo mejor que puede pasarnos a los tontos es que otro tonto nos ame. Por regla general, la unión de dos tontos forma constelaciones espectaculares en el universo.
¿Y cómo sé yo si soy tonto o una persona inteligente?
Ah, en ese caso, mida sus niveles de reserva.
¿Cómo hago eso?
¿Me permite hacerle algunas preguntas para darle una idea?
Vale.
¿Ama guardando su mejor parte para otra ocasión?
Obviamente.
¿Tiene dos, tres amores por si algo sale mal con el primero?
Eh… depende.
¿Busca ganar siempre, tener la razón en todo?
Por supuesto, se le llama la ley del más fuerte.
¿Pide consejos a Nietzsche o a Cioran?
No sé quiénes son.
¿Termina relaciones para que no “lo terminen”?
Oh, bueno, no debería sonar así.
¿Se ahorra el amor verdadero para el alma gemela?
Son ideas de mujeres, nadie es mitad de nadie.
¿Predica la confianza y practica el engaño?
Eh...
¿Pide más de lo que agradece?
No he pensado en ello.
De acuerdo a sus respuestas, que serían 7 veces sí y 2 no, es usted una persona muy inteligente.
Hablar con usted me ha dejado un poco triste, parece que me está culpando de algo. Es muy difícil ser Cristos o Cristas, es imposible ser Gandhis, y definitivamente nadie quiere ser Forrest Gump. Así como usted lo está poniendo el amor es una tontería que exige demasiada coherencia con un mundo imaginario.
Es la tontería más grande, digamos.
Ahí viene el bus.
Sí.
¿Subirá usted?
Quiero estarme un rato más, estoy esperando que algo lindo pase.
¿Algo lindo? ¿Está usted bien? ¿Tiene hijos? ¿Familia?
Sí, claro.
Bueno… No lo tome a mal, honestamente y como comprenderá no me interesa amar como un tonto ni quiero que mis hijas sean las tontas de nadie. Pero reconozco que es bonito que alguien ande por ahí pensando que el amor es la justicia más extraordinaria que podemos hacerle a un mundo tan jodido. Adiós, señora.
Tenga buen día, señor.

Comentarios
Publicar un comentario